domingo, 28 de julio de 2013

LAS CINCO BOLAS


En un discurso a los graduados en una universidad, hace varios años, el ex CEO de Coca Cola, Brian Dyson, habló sobre la relación entre el trabajo y otros compromisos.
-Imaginen la idea como un juego en el que ustedes hacen malabarismos con cinco bolas que arrojan al aire.

-Son : EL TRABAJO, LA FAMILIA ,LA SALUD, LOS AMIGOS Y EL ESPÍRITU.

Pronto se darán cuenta de que EL TRABAJO es una bola de goma. Si se cae, rebota. Pero las otras cuatro bolas: FAMILIA, SALUD, AMIGOS y ESPÍRITU son de vidrio. Si dejan caer una de esas, van a quedar irrevocablemente dañadas, rayadas, rajadas o rotas. Nunca volverán a ser las mismas.

-Compréndalo y busquen el equilibrio en la vida. ¿Cómo...?

-No disminuyan su propio valor comparándose con otros. Es porque somos todos diferentes que cada uno de nosotros es especial.

-No fijen sus objetivos en razón de lo que otros consideran importante. Solo ustedes están en condiciones de elegir lo que es mejor para ustedes.

-No den por supuesto las cosas más queridas por su corazón. Apéguense a ellas como a la vida misma, porque sin ellas la vida carece de sentido.

-No dejen que la vida se les escurra entre los dedos por vivir en el pasado o para el futuro. Si viven un día a la vez, vivirán TODOS los días de su vida.

-No abandonen cuando son capaces de un esfuerzo más. Nada termina hasta que uno deja de intentar.

-No teman admitir que no son perfectos. Ese es el frágil hilo que nos mantiene unidos.

-No teman enfrentar riesgos. Es corriendo riesgos que aprendemos a ser valientes.

-No excluyan de su vida el amor diciendo que no se le puede encontrar.

-La mejor forma de recibir amor es darlo; la forma más rápida de quedarse sin amor es aferrarlo demasiado; y la mejor forma de mantener el amor es darle alas.

-No corran tanto por la vida, que lleguen a olvidar no sólo donde han estado sino también a donde van.

-No olviden que la mayor necesidad emocional de una persona es la de sentirse apreciado.

-No teman aprender. El conocimiento es liviano, es un tesoro que se lleva fácilmente.

-No usen imprudentemente el tiempo o las palabras. No se pueden recuperar.

-La vida no es una carrera, sino un viaje que debe ser disfrutado a cada paso.


El Ayer es historia, el Mañana un misterio y el Hoy es un regalo:
por eso se lo llama "el presente".

CIELO E INFIERNO




Un hombre, su caballo y su perro caminaban por una calle.
Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente.

(A veces los muertos toman tiempo para darse cuenta de su nueva condición).

La caminata era muy larga, montaña arriba, el sol era fuerte y ellos estaban transpirados y con mucha sed. Necesitaban desesperadamente agua.

En una curva del camino vieron una puerta magnifica, toda de mármol, que conducía a una plaza con piso de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde salía agua cristalina.

El caminante se dirigió al hombre que vigilaba la entrada:

- "Buen día", - le dijo.
- "Buen día", - respondió el hombre.
- "¿Qué lugar es éste, tan lindo?" – preguntó.
- "Esto de aquí es el Cielo" - fue la respuesta.
- "¡Qué bueno que nosotros llegamos al cielo, estamos con mucha sed!" - dijo el hombre.

- "Usted puede entrar y beber agua a voluntad" - dijo el guardia, indicándole la fuente.

- "Mi caballo y mi cachorro también tienen sed."

- "Lo lamento mucho" - dijo el guardia -"Aquí no se permite la entrada de animales."

El hombre quedó muy desilusionado porque su sed era grande, pero él no bebería dejando a sus amigos con sed, así que prosiguió su camino.

Después de mucho caminar montaña arriba, con sed y cansancio, llegaron a un sitio cuya entrada era marcada por una puerta vieja semiabierta.

La puerta se abrió para un camino de tierra con árboles de los dos lados que le hacían sombra.

A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba acostado con la cabeza cubierta con un sombrero, parecía que estaba dormido.

- "Buen día" - dice el caminante.

- "Buen día" - responde el hombre.

- "Estamos con mucha sed, mi caballo, mi cachorro y yo."

- "Hay una fuente en aquellas piedras" - dice el hombre indicando el lugar.
- "Pueden beber a voluntad."

El hombre, el caballo y el cachorro fueron hasta la fuente y apagaron su sed.

- "Muchas gracias" – dijo el hombre al salir.
- "Vuelvan cuando quieran" - respondió el otro hombre.
- "A propósito" - dijo el caminante -"¿Cuál es el nombre de este lugar?"
- "Cielo" - respondió el hombre a secas.
- "¿Cielo?... Pero si el hombre que estaba a la entrada de la puerta de mármol me dijo que allá era el cielo..."

- "Aquello no es el Cielo, aquello es el infierno..."

El caminante quedó perplejo.

- "Pero entonces, esa información falsa debe causar grandes confusiones!"
 - comentó el caminante.

- "De ninguna manera, la verdad es que ellos nos hacen un gran favor"

- respondió el hombre

"Porque allá quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos..."

miércoles, 24 de julio de 2013

LAS MANOS DE DIOS



Cuando observo el campo sin arar, cuando los aperos de labranza están olvidados, cuando la tierra está quebrada,  me pregunto...
¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero y del campesino carente de recursos para defender sus derechos, me pregunto...
¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando contemplo a esta anciana olvidada; cuando su mirada es nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, me pregunto:

¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando veo al moribundo en su agonía llena de dolor; cuando observo a su pareja y a sus hijos deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, me pregunto:
¿Dónde estarán las manos de Dios?

Cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino, me pregunto... ¿Dónde estarán las manos de Dios?

Después de un largo silencio, escuché su voz que me reclamó: “No te das cuenta que tú eres mis manos, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas”.

Y comprendí que las manos de Dios somos "TU y YO", los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se reten a sí mismos para ser las manos de Dios.

El mundo necesita esas manos, llenas de ideales y estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día, a forjar una nueva civilización, que busquen valores superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan al final llegar vacías, porque entregaron todo el amor, para lo que fueron creadas.

Y Dios seguramente dirá: ¡ESAS SON MIS MANOS!

EL ALACRÁN



Un maestro oriental que vio cómo un alacrán se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó.

Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose. El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el alacrán lo picó.

Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:
"Perdone, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?".

El maestro respondió:
"La naturaleza del alacrán es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar".

Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.

No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; mejor toma precauciones.


Algunos persiguen la felicidad; otros la crean.

miércoles, 17 de julio de 2013

EL PESCADOR Y EL EMPRESARIO


Erase una vez un empresario que se encuentra con un humilde pescador descansando en su envejecida barca y le dice:
- ¿Por qué descansas? Si siguieras trabajando ganarías más, y ahorrarías dinero.
- ¿Y para qué quiero más dinero?
- Con más dinero podrías arreglar la barca. Así podrías pescar más y ganar más. Luego podrías comprarte una barca mejor, con lo que volverías a ganar más.
- ¿y luego?
- Luego podrías comprarte otro barco más grande. Y así hasta que después de muchos años ganarías lo suficiente para tener tu propia flota y serías rico.
- ¿Y una vez que tuviera la flota y fuera rico, qué haría?
- Pues podrías descansar, jugar con tu hijos, vivir en una cabaña en el campo y disfrutar tranquilamente de un atardecer.
- Pues eso es justo lo que estoy haciendo ahora.

¡No hay que tomar esta reflexión del modo equivocado sino para aprender a disfrutar el momento, este momento que es el que nos pertenece; luchando siempre pero jamás desperdiciando el hoy por estar pensando en nuestro futuro, hagamos nuestros sueños realidad y no pesadillas!

EL CÍRCULO DEL NOVENTA Y NUEVE




Había una vez un rey muy triste, y tenía un sirviente que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.

Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

Un día el rey lo mandó a llamar.
-Paje..., le dijo- ¿Cuál es el secreto?
-¿Qué secreto, Majestad?
-¿Cuál es el secreto de tu alegría?
-No hay ningún secreto, Alteza...
-¡No me mientas, paje! ¡He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira!
-No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
-¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh...? ¿Por qué...?
-Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo.  -Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados, y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos. ¿Cómo no estar feliz?
-¡Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar! - Dijo el rey... -¡Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado!
-Pero Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo,  pero no hay nada que yo este ocultando...
-¡Vete, vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.
El rey estaba como loco... No conseguía explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.

-¿Por qué él es feliz?

-Ah..., Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
-¿Fuera del círculo?

-Así es.
-¿Y eso es lo que lo hace feliz?
-No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
-A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz...
-Así es.
-¿Y cómo salió?

-Nunca entró...
-¿Qué círculo es ese?
-El círculo del 99.
-Verdaderamente, no te entiendo nada.
-La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
-¡Eso, eso...! ¡Obliguémoslo a entrar!
-No es tan fácil, Alteza. -Nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo...
-No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, el entrará solito, solito...

-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
-Sí, se dará cuenta.
-¡Entonces no entrará!
-No lo podrá evitar...
-¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo circulo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
-Tal cual. Majestad. ¿Estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la  estructura del círculo?
-¡Sí!  

-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro... ¡Ni una más ni una menos...,99!
-¿Qué más? ¿Llevo los guardias, por si acaso...?
-No es necesario, nada más que la bolsa de cuero, Majestad, -Hasta la noche.
-Hasta la noche.
Y así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey y ambos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.  

Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio tomó la bolsa y le pinchó un papel que decía:  

“Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre, disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste”.  

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse.  

Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía.  

El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa... y al escuchar el sonido metálico se estremeció, aferró la bolsa contra su pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y volvió a entrar a su casa.

Entonces, se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado solo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido sobre ella.

Sus ojos no podían creer lo que veían... ¡Era una montaña de monedas de oro!  

Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas a su disposición.  

El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de la vela sobre ellas.  

Las juntaba y desparramaba, después hacía y deshacía pilas de monedas.
Así, jugando y jugando, comenzó a hacer pilas de 10 monedas.
Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis.... y mientras, sumaba: 10, 20, 30, 40, 50, 60.... Hasta que formó la última pila:
¡¡¡99 monedas...!!!  

Su mirada recorrió primero la mesa, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.  

"No puede ser", pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.  

-¡¡Me robaron -gritó- ¡¡Me robaron, malditos!!  

Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas...  

Vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba.
Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro. "Sólo 99...".  

"99 monedas. Es mucho dinero", pensó.  

Pero me falta una moneda...  

Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo, pero noventa y nueve, no...

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, sus ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes.

El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.  

Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.  

¿Cuánto tiempo tendría qué ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien...?  

Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta.

Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla...
Después, quizás no necesitaría trabajar más...
Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar...
Con cien monedas de oro un hombre es rico...
Con cien monedas se puede vivir tranquilo...  
Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.
"Doce años es mucho tiempo", pensó.
Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. (Y él  mismo, después de todo, terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello...).
Volvió a sacar las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡¡¡Era demasiado tiempo...!!!  

Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para  vender...  

Vender...
Vender....  
Estaba haciendo calor... ¿Para qué tanta ropa de invierno?
¿Para qué más de un par de zapatos?
Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.  

El rey y el sabio volvieron al palacio.
El paje había entrado en el círculo del 99...
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche.
Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando  y con cara de pocas pulgas.
-¿Qué te pasa?- Preguntó el rey de buen modo.
-¡Nada me pasa..., nada me pasa...!
-Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
-¡Hago mi trabajo! ¿Verdad? ¿Qué otra cosa querría su Alteza..., que fuera su bufón y su juglar también?  
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.
No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor...

Vos y yo, y todos nosotros, hemos sido educados en esta estúpida ideología: “Siempre nos falta algo para estar completos, y solo completos se puede gozar de lo que se tiene”.
Por lo tanto (nos enseñaron), la felicidad deberá esperar a completar lo que falta...

Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.

Pero... ¿Qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por cien del tesoro, que no nos falta nada?

Que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo “cien” que “noventa y nueve”, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que seamos estúpidos, para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados.

Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual...
¡Eternamente igual...!


¡Cuántas cosas cambiarían..., si pudiéramos disfrutar de  nuestros tesoros tal como están...!

DESDE MI BARCA



No pretendo ser perfecto, pero sí quisiera ser un viejo que no saque de quicio a todo el mundo, que no exaspere a los demás.

No aspiro a ser un santo, pero sí una anciano que no se crea infalible, ni viva de quejas y temores.

No pretendo cambiar a estas alturas mis patrones de vida, pero sí convertir los años en espíritu y que fluya la dulzura; convertir las canas en acierto y que fluya el consejo; convertir las arrugas en sonrisas y reflejar lo que llevo dentro.

Abrir paso a la precipitación de los demás, para que me perciban lo menos posible y no llegue a ser un estorbo.

No interferir en el camino de la juventud siempre con una censura y un repudio. 

Admitir los atenuantes que tienen para ser así y comprender que los buenos de ahora son quizás mejores que los de antes, porque transitan por mayores peligros y enfrentan peores tentaciones.

No es  posible hacer juventud con la vejez, pero sí aminorar mi alteración, mi irritabilidad, mi depresión, mi desasosiego y mi inevitable deterioro.

No quisiera brillar en el mundo, pero sí quisiera desde mi sillón de soledad, dar alguna claridad.

No quisiera estar martillando sobre mi experiencia, porque sería inútil.  A cada uno le gusta vivirla y descubrirla por sí mismo.

Ni pretendo llevar a nadie de la mano: cada cual quiere caminar solo su propio destino.

Pero sí deseo ser un faro en silencio que no apague su luz. Ser una barca en retirada llena de palomas, de historia, de relatos, de recuerdos que hablen, de miradas que descubran, de hechos que hagan pensar…

No desperdiciar la vejez.  No mirar los años con miedo, dándoles a estos últimos un profundo sentido, porque son el espacio final para movernos y el momento irrepetible para la realización completa.

No hacer de la vejez un lastre y una insignificancia, sino una sombra que fue luz, un árbol que fue fruto y un camino que fue huella.


¡No vivir en la oscuridad como algo inservible, sino pararme delante de una estrella para morir iluminado!

LA GRANDEZA DEL MAR



¿Sabes por qué el mar es tan grande
¿Tan inmenso?
¿Tan poderoso?

Porque tuvo la humildad de ponerse algunos centímetros abajo de todos los ríos.

Sabiendo recibir, se volvió grande.
Si quisiera ser el primero, muchos centímetros encima de todos los ríos, no sería mar, sino isla.

Toda su agua iría para los otros y estaría aislado.

La pérdida forma parte de la vida.
La caída forma parte de la vida.
La muerte forma parte de la vida.

Es imposible vivir en plena satisfacción.
Necesitamos aprender a perder, a caer, a equivocarnos y a morir.

Imposible ganar sin saber perder.
Imposible andar sin saber caer.
Imposible acertar sin equivocarse.
Imposible vivir sin saber vivir.

Si tú aprendes a perder, a caer, a equivocarte, nadie podrá controlarte.
Porque lo máximo que te puede ocurrir es caer, errar y perder.
Y esto tú ya lo sabes.

Bienaventurado aquel que ya consigue recibir con la misma naturalidad
el logro y la pérdida...
el acierto y el error...
el triunfo y la caída...

¿CUÁL ES?





El día más bello? Hoy

La cosa más fácil? Equivocarse

El obstáculo más grande? El miedo

El error mayor? Abandonarse

La raíz de todos los males? El egoísmo

La distracción más bella? El trabajo

La peor derrota? El desaliento

Los mejores maestros? Los niños

La primera necesidad? Comunicarse

Lo que más feliz hace? Ser útil a los demás

El misterio más grande? La muerte

El peor defecto? El malhumor

La persona más peligrosa? La mentirosa

El peor sentimiento? El rencor

Lo más imprescindible? El hogar

El regalo más bello? El perdón

La ruta más rápida? El camino correcto

La más linda sensación? La paz interior

El resguardo más eficaz? La sonrisa

El mejor remedio? El optimismo

La fuerza más potente del mundo? La fe

Las personas más necesarias? Los padres

La cosa más bella de todas? El amor



Madre Teresa

EL MONJE



Hay una vieja narración egipcia que nos cuenta de un monje muy santo que vivía en el desierto, ayunaba a menudo y había abrazado la más abnegada pobreza.

Mucha gente de los alrededores lo tenía por santo, y se decía que era el hombre que estaba más cerca de Dios.

Así parecía, puesto que este monje se pasaba mucho tiempo en serena contemplación y diálogo con Dios.

Un día llegó a oídos del monje lo que la gente decía de él, y picado por la curiosidad le preguntó a Dios:

Dime, Señor ¿es cierto lo que la gente dice de mí, que soy el hombre más santo y el que está más cerca de Ti?..

¿De veras quieres saberlo? ¿Por qué estás tan interesado? le preguntó Dios...

El monje le contestó: No es la vanidad la que me mueve a preguntarte esto, sino el deseo de aprender. Si hay alguien más santo que yo, debo ser su discípulo para saber acercarme más a Ti...

Dios entonces le dijo: "Muy bien, baja por el sur del desierto al pueblo más cercano y pregunta por el carnicero del pueblo, él es el más santo".

El monje se sorprendió mucho con la respuesta de Dios, pues en aquella época los carniceros gozaban de muy mala fama, pero obediente hizo lo que el Señor le indicó.

Llegó al pueblo y pudo observar a sus anchas al carnicero, y no encontró en él nada extraordinario. Al verlo incluso llegó a dudar, le pareció de bruscos modales, algo malhumorado y observó con preocupación, que cada chica hermosa que llegaba a la carnicería, era mirada de forma "no muy santa " por el carnicero.

Cuando terminó de atender a la gente y se disponía a cerrar el negocio, el carnicero, sorprendido le preguntó que quería. El monje le contó lo que le había llevado a verlo y el carnicero quedó más sorprendido todavía.

"Mire, yo no dudo de su palabra pero me sorprende mucho que Dios le haya dicho eso, yo soy un gran pecador, aunque voy a la Iglesia no lo hago con la frecuencia con que debería. Pero en fin, mi casa es su casa". Y le invitó a pasar y a comer con él, en tanto él entraba a una habitación en donde un anciano acostado en un lecho recibió todo el cuidado del carnicero, que le dio de comer en la boca y lo arropó con cariño para que durmiera.

"Perdone mi indiscreción le dijo el monje al carnicero - ¿es su padre?

"No lo es" le respondió. "En realidad es una larga historia".

"¿Podría contármela?" le dijo el monje.

"A usted se la contaré pues sé que los monjes saben guardar secretos. Este hombre fue quien mató a mi padre. Cuando vino al pueblo, mi primer impulso fue matarlo para vengarme pero estaba viejo y enfermo y sentí pena por él.

Luego recordé a mi padre, que siempre me enseñó a perdonar y en su nombre decidí tratarlo con amor, como hubiera tratado a mi padre, si aún viviera"
.
No está más cerca de Dios el que cumple prácticas de piedad o dedica mucho tiempo a realizar actos religiosos, sino aquel que ama y perdona aún al que lo odia.


Porque quien obra así hace lo mismo que Dios.

martes, 16 de julio de 2013

LAS COSAS NO SIEMPRE SON LO QUE PARECEN



Dos Ángeles de viaje se detuvieron para pasar la noche en la casa de una familia adinerada.

La familia era ruda y le negó a los ángeles quedarse en el cuarto de huéspedes de la mansión, en cambio les dieron un espacio pequeño en el sótano frío.

Cuando ellos hicieron su cama en el suelo duro, el ángel más viejo vio un agujero en la pared y lo reparó. La noche siguiente el par de ángeles fue a descansar en la casa de un pobre granjero muy hospitalario y su esposa; después de compartir la humilde comida, la pareja de granjeros le cedió su cuarto a los ángeles para que puedan descansar bien.

Cuando el sol surgió a la mañana siguiente los ángeles encontraron al granjero y su esposa llorando. Su única vaca, cuya leche había sido su sólo ingreso, yacía en el campo. El ángel más joven se asombró y le preguntó al más viejo cómo pudo permitir que esto ocurriese.....

-El primer hombre tenía todo, y todavía tu lo ayudaste... La segunda familia tenía muy poco y estaba dispuesta a compartir todo... ¡Y tú permitiste que la vaca se les muriese...!

-Las cosas no son siempre lo que parecen, contestó el más viejo.
-Cuando nosotros nos quedamos en el sótano de la mansión, noté por el agujero de la pared que había muchos sacos de oro en la habitación vecina. Como el dueño se obsesionó con su avaricia y no era capaz de compartir su fortuna, yo le sellé la pared para que nunca más los vuelvan a encontrar.

- Y anoche, cuando nos fuimos a dormir a la cama de los granjeros, vino el ángel de la muerte para llevarse a su esposa, yo le di en cambio la vaca....Las cosas no siempre son como parecen.

A veces esto es exactamente lo que pasa, todo en la vida tiene su porqué; a veces nos cuesta encontrarlo y otras veces le damos la espalda.

DEJA QUE TU ÁNGEL DE LA GUARDA TE GUÍE Y SÉ TU MISMO, NADIE MEJOR QUE TÚ PARA DISCERNIR.


BENDICE Y AGRADECE CADA MOMENTO VIVIDO, QUE SERÁ LA RECOMPENSA HACIA EL FUTURO. 

YA VEREMOS




Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo.
Un día el hijo le dijo:
- ¡Padre, qué desgracia! ¡Se nos ha ido el caballo!
- ¿Por qué le llamas desgracia? - respondió el padre -Veremos lo que trae el tiempo...

A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.
- ¡Padre, qué suerte! - exclamó esta vez el muchacho -Nuestro caballo ha traído otro caballo.

- ¿Por qué le llamas suerte? - repuso el padre -Veamos qué nos trae el tiempo...

En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo.
El muchacho se quebró una pierna...

- ¡Padre, qué desgracia! - exclamó ahora el muchacho -¡Me he quebrado la pierna!

Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:

- ¿Por qué le llamas desgracia? -Veamos lo que trae el tiempo...

El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que gimoteaba en su cama.

Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra.

Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno, y lo bueno, malo.


Lo mejor es esperar siempre el día de mañana, pero sobre todo confiar en DIOS, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas...

HUBO UN MOMENTO



Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna; pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.
Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor; y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más.
Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir; y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.
Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido; y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de tu casa.

Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna; y sin dejarte ni siquiera entristecerte terminó en un abrazo.

Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar; y hoy es un examen más que aprobaste en tu carrera.

Hubo un momento en el que dudaste de encontrar un buen trabajo; y hoy puedes darte el lujo de ahorrar para el futuro.

Hubo un momento en el que sentiste que no podrías hacer algo: y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo.

Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte; y te quedaste paralizado mientras alguien parecía leer tu corazón.

Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que un instante también puede cambiar tu vida y aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.

"Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio
de un sueño hecho realidad".


"Todo lo que sucede, sucede por una razón".

DIOS HABLA CONMIGO



Un hombre susurró: Dios, habla conmigo.
Y un ruiseñor comenzó a cantar...
Pero el hombre no oyó.

¡Entonces el hombre repitió:
Dios, habla conmigo!
Y el eco de un trueno, se oyó...

Mas el hombre fue incapaz de oír.
El hombre miró en derredor y dijo:
¡Dios, déjame verte!
Y una estrella brilló en el cielo...

Pero el hombre no la vio.
El hombre comenzó a gritar:
¡Dios, muéstrame un milagro!
Y un niño nació...

Mas el hombre no sintió el latir de la vida.
Entonces el hombre comenzó
a llorar y a desesperarse:

¡Dios, tócame y déjame saber
que estás aquí conmigo...!
Y una mariposa se posó
suavemente en su hombro...

El hombre espantó la mariposa con la mano y,
desilusionado, continuó su camino,
triste, sólo y con miedo.

¿Hasta cuándo tenemos que sufrir para comprender que Dios está siempre donde está la vida?


¿Hasta cuándo mantendremos nuestros ojos y nuestros corazones cerrados para los milagros de la vida que se presentan diariamente en todo momento?

LA LIEBRE Y EL TIGRE



Que gran decepción tenía el joven de esta historia... Su amargura absoluta era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas. Al parecer, ya a nadie le importaba nadie.

Un día, dando un paseo por el monte, vio sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido, el cual no podía valerse por sí mismo. Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual.

Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre. Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.

Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: "No todo está perdido... Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas".

Y decidió hacer la experiencia: Se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara.

Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Estuvo así durante todo el otro día, mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer esta historia, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono... Su corazón estaba devastado, ya casi no sentía deseo de levantarse, entonces allí, en ese instante, lo oyó...


¡Con qué claridad, qué hermoso!, una hermosa voz, muy dentro de él, le dijo: "Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente sé la liebre".


LA ÚLTIMA CENA



La Última Cena fue pintada por Leonardo Da Vinci, un artista italiano muy conocido.

El tiempo convenido para su terminación era de siete años. Las figuras representadas eran las de los Doce Apóstoles y Cristo mismo, los cuales eran pintados a partir de modelos de personas vivas.

El modelo vivo para la pintura de la figura de Jesús fue elegido primero, cuando se decidió que Da Vinci pintara este gran cuadro.

El pintor vio a centenares y centenares de jóvenes cuidadosamente, buscando encontrar una cara y una personalidad limpias de pecado. Finalmente, después de semanas de laboriosa búsqueda de un hombre joven de más o menos 19 años de edad, fue por fin seleccionado un modelo para la representación de Cristo.

Durante los seis años siguientes Da Vinci continuó con el trabajo de esta sublime obra de arte. Una por una fueron elegidas las personas que encajaban en la representación de once Apóstoles, pero quedaba un espacio...

Era el del Apóstol Judas Iscariote lo que faltaba para la tarea final de este Maestro.

Era el Apóstol que traicionó a su Señor por 30 piezas de Plata, algo así como $ 16,95 en nuestra actualidad. Por semanas Da Vinci buscó a un hombre de rostro duro, un rostro marcado por años de avaricia, alguien que traicionaría a su mejor amigo...

Después de muchas experiencias y desalentado por la infructuosa búsqueda del tipo de persona requerido para representar a Judas, llegó la buena noticia. El hombre que por su aspecto debería cumplir completamente los requerimientos... ¡Por fin había sido encontrado en Roma, en una cárcel, condenado a morir por una vida de crimen!

Da Vinci hizo el viaje a Roma inmediatamente y trajeron a su presencia a ese hombre, fuera de su encarcelamiento, conducido hacia la luz del sol. Allí Da Vinci vio ante él la oscuridad, la traición, en un hombre moreno de cabellos sucios y largos que hacían de su rostro el retrato de un carácter de vicios, un completo ruin. En ese momento el pintor se dio cuenta que por fin había encontrado a la persona que tanto tiempo estuvo buscando.
Con el permiso especial del Rey, este preso fue llevado a Milán donde el fresco era pintado. Por seis meses el preso se sentó ante Da Vinci, en las horas designadas cada día, ya que el dotado artista continuó diligente su tarea de trasmitir el fondo de la pintura. Representaba al traidor del Señor. Cuando ya daba sus últimos toques, se dirigió hacia los guardias y les dijo: -“Eso es todo, es hora de que se lleven al prisionero de regreso”-

En ese momento, el prisionero rápidamente eludió el  control de los guardias, se acercó a Da Vinci con los ojos llenos de lagrimas, y le dijo:
-“Oh, Maestro Da Vinci, mírame!... ¿No sabes quién soy?”-

Da Vinci, mirando fijamente de cerca al hombre que había tenido a su frente durante seis meses, respondió:

-“Nunca te había visto, hasta que te encontré en esa cárcel de Roma”-. Entonces, mirando al cielo con los ojos llorosos, el prisionero dijo:

-“Oh, Dios... ¡He caído tan bajo!... Y dando vuelta su rostro hacia el pintor  gritó  -“¡Leonardo Da Vinci, mírame otra vez, porque yo soy el mismo hombre al que tu pintaste hace siete años como la figura de Cristo!”-

Esta es la verdadera historia acerca de la gran obra de arte “La Última Cena”. Enseña tan fuertemente la lección de los efectos del pensamiento correcto e incorrecto de uno mismo.


Era un joven de carácter puro, libre de los pecados del mundo, la imagen de la inocencia y belleza interior, quien representó a Cristo. Pero que durante siete años, siguiendo una vida de crimen y pecado, cambió hacia el cuadro perfecto de la persona más perversa que conoció la historia del mundo.